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Entorno macroeconómico

UEM

La recuperación económica en las economías del área euro continuó su senda moderada durante 2015 al cerrar con un avance anual del 1,6%. Los altos niveles de deuda pública y privada, el alto nivel de desempleo y las rigideces internas lastraron la recuperación.

Al igual que sucede en el resto de las economías avanzadas, la recuperación estuvo propulsada por el consumo interno gracias a la contención de los precios energéticos, los bajos tipos de financiación y la recuperación en la concesión de crédito a la economía. A pesar de lo anterior, la inflación y las expectativas de inflación de los agentes económicos se situaron muy por debajo de los niveles deseados a causa, principalmente, del descenso de los precios de las materias primas y de la desaceleración en el comercio mundial, especialmente relevante en las economías emergentes. 

En cuanto al análisis por países, fueron los países de la periferia europea los que lideraron los crecimientos en el conjunto de la zona euro, siendo Irlanda y España los países con mayor contribución al crecimiento tras experimentar avances del 7,8% y del 3,2%, respectivamente. Por el contrario, Francia e Italia, ambas rezagadas en materia de implementación de reformas estructurales, fueron, conjuntamente con algunos países de Europa Central, las que menos crecieron al cerrar con aumentos en sus economías cercanos al 1%.

2015 no estuvo exento de un importante calendario de factores geopolíticos. El mayor momento de inestabilidad se produjo en verano con el estallido de la crisis griega, la cual se vio envuelta en negociaciones económicas para el desembolso de un nuevo paquete de ayudas para hacer frente a los vencimientos de deuda, que desencadenó una crisis a nivel político y económico que finalizó con la celebración de elecciones parlamentarias y con la limitación en la disposición de efectivo en entidades financieras antes de aceptar las condiciones para recibir el tercer rescate. Adicionalmente, la crisis institucional tras el aumento de refugiados provenientes de Oriente Medio y el acercamiento de la celebración del referéndum en el Reino Unido, en el que la población votará sobre la permanencia en la Unión Europea, centraron el foco durante el periodo. 

 

ESPAÑA

Tras seis años de recesión o crecimiento muy bajo, la recuperación económica de España, iniciada durante la segunda mitad de 2013, mantuvo de nuevo su senda expansiva durante 2015 con un crecimiento del PIB del 3,2%, muy superior a la media de países de la zona euro. En un entorno de mayor confianza, la demanda interna continuó liderando el crecimiento, ayudada por la creación de empleo, la mejora en la concesión de crédito por parte de las entidades financieras tanto a empresas como a hogares, los bajos niveles de inflación, la depreciación del euro y la bajada de los precios de los combustibles, en particular del petróleo. Este último punto supuso mantener la tasa de inflación general en terreno negativo, concretamente en el -0,5%.

La vuelta al crecimiento económico y las reformas en respuesta a la crisis financiera permitieron continuar reduciendo los desajustes económicos. La balanza por cuenta corriente continuó mejorando gracias a las ganancias de competitividad y a la evolución favorable de la demanda externa. Aunque, sin duda, fue el ahorro de los costes energéticos derivados de la caída de los precios del petróleo el mayor contribuidor al superávit de la balanza por cuenta corriente en el periodo. A pesar de lo anterior, la deuda pública medida en términos de PIB aumentó hasta superar el 100%, mientras que el déficit siguió disminuyendo impulsado por la mayor recaudación de impuestos derivada del crecimiento de la demanda interna y la contención en el gasto de las CC.AA.

De nuevo destacó positivamente el mercado de trabajo, el cual continuó mostrando síntomas de mejoría, y la tasa de paro finalizó en el 22,1%, prácticamente
3 puntos porcentuales por debajo de 2014. El aumento de la flexibilidad laboral, la moderación salarial y la reducción de los costes salariales unitarios respecto al resto de socios de la eurozona permitieron mostrar uno de los mayores avances en los últimos años. Por el lado negativo, la tasa de desempleo permaneció dentro de las más elevadas de la UE, lo que refleja las dificultades estructurales del país, particularmente evidenciada a través de la persistencia de una tasa elevada de desempleo de larga duración. 

El mercado de la vivienda mostró signos de estabilización tras un intenso ajuste en los años posteriores a la crisis. Los precios de la vivienda continuaron registrando alzas durante 2015, extendiendo el cambio experimentado durante 2014 tras varios años de fuertes ajustes. El número de transacciones continuó aumentando, aunque el elevado stock de viviendas sin vender continuó frenando parcialmente la recuperación completa del sector.  

 

EE.UU.

La economía norteamericana continuó mostrando, por sexto año consecutivo, un sólido crecimiento durante 2015. El conjunto de la economía avanzó a un ritmo del 2,4%, la misma cifra que la obtenida en el ejercicio anterior, haciendo frente a las incertidumbres que provocaron la desaceleración en el crecimiento de las economías emergentes y la persistente bajada en el precio de las materias primas. 

El consumo privado, que supone dos tercios del PIB estadounidense, volvió a ser determinante en la recuperación económica, si bien la moderación del crecimiento en salarios redujo el potencial de crecimiento, también lastrado por la fortaleza del dólar. El mercado laboral volvió a mostrar signos de mejora y la tasa de desempleo volvió a cerrar en niveles históricamente bajos del 5%, lo que prácticamente supone el pleno empleo. Las buenas noticias quedaron parcialmente compensadas por la dificultad en la mejoría de la calidad de generación de empleo medida por una tasa de participación del 62%.

 

ECONOMÍAS EMERGENTES

Las economías emergentes tuvieron el peor comportamiento en términos de crecimiento desde la crisis financiera de 2008-2009 al crecer un 4% en 2015. Este crecimiento estuvo influenciado, en gran parte, por la transición económica de la economía china desde un modelo basado en la inversión y las exportaciones hacia un modelo basado en consumo y servicios. Aunque este cambio estructural no está exento de riesgos, el crecimiento del PIB del 6,9% fue satisfactorio y estuvo en línea con lo previsto por las autoridades. Sin embargo, dicha transición supone una menor demanda de materias, lo que presionó el precio de las mismas y, por ende, la actividad de los países productores de commodities. Adicionalmente, los países de la OPEP se mantuvieron firmes en su estrategia de no reducir los niveles de producción y, dado que los niveles de oferta se situaron por encima de los niveles de demanda, los precios mantuvieron la senda bajista en el periodo. En este entorno, países como Rusia (-3,7%) o Brasil (-3,8%) entraron en recesión, este último tras experimentar una profunda crisis interna a nivel político a raíz del caso Petrobras.  

Los países netamente importadores de materias primas continuaron mostrando una sólida evolución durante el periodo. La India y el conjunto de países que forman el sudeste asiático avanzaron de forma vigorosa al publicar crecimientos del 7,3% y 4,7%, respectivamente, beneficiados por unas pirámides poblacionales positivas y una relativa estabilidad política. Por último, cabe una mención especial para la actividad de Méjico, la cual avanzó un 2,5% gracias a sus lazos comerciales con EE.UU. y a la reactivación del sector consumo, que contrarrestaron la contribución negativa del sector energético.

En general, los niveles de deuda pública de los países emergentes continuaron aumentando, lo que lastrará el potencial de crecimiento a largo plazo, que podría provocar desequilibrios a medida que la Reserva Federal vaya retirando su política monetaria expansiva. A pesar de que el contagio hacia las economías desarrolladas debería estar limitado, un nuevo incremento de la aversión al riesgo a nivel mundial podría amplificar los efectos de tal contagio.

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