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Mercados financieros

En el año 2015, los mercados financieros estuvieron marcados por la evolución de la economía china y el descenso del precio de las materias primas, principalmente del petróleo. La evolución de ambos elementos tuvo, en mayor o menor medida, un impacto en la política monetaria de los principales bancos centrales.

En China, la desaceleración económica sufrida en 2015 se acentuó durante la segunda parte del año. Aunque parte de esta debilidad se debe al cambio de modelo económico impulsado por el gobierno chino, de una economía basada en las exportaciones y las inversiones públicas a otra donde el consumo interno tenga un mayor peso, la fuerte salida de capitales del país conllevó un sorpresivo cambio en la política cambiaria del Banco Popular de China (PBOC) en agosto. De este modo, el PBOC ponía fin al sistema de tipos de cambio fijo, dotándolo de una mayor flexibilidad al fijar una banda de flotación del 2% referenciado a los cruces del día anterior. La medida tuvo un impacto inmediato sobre el yuan, el cual se depreció considerablemente.

Por otro lado, la máxima institución monetaria del gigante asiático rebajaba en cinco ocasiones el tipo de interés oficial, desde el 5,60% de principios de año hasta el 4,35% a finales de 2015. Ambas medidas iban ligadas a los esfuerzos de las autoridades chinas para frenar la salida de capitales y ganar credibilidad en su petición al Fondo Monetario Internacional (FMI) para que su divisa pasase a ser moneda de reserva internacional. 

En EE.UU., la Reserva Federal en su reunión de diciembre, tras posponer por precaución la decisión en septiembre, finalmente subió el tipo de interés oficial. A pesar de las dudas crecientes sobre la economía global durante la segunda parte del año (particularmente de las economías emergentes), una economía china exportando deflación y el posible efecto contagio a la economía estadounidense, la fortaleza de los datos macroeconómicos de la mayor potencia mundial, impulsados principalmente por el consumo interno y la robustez del mercado laboral, permitieron a la entidad presidida por Janet Yellen elevar el rango de los tipos de interés en 0,25 puntos básicos, hasta el 0,25%-0,50%.

Con la primera subida de tipos en más de nueve años, la Reserva Federal daba por concluida la peor crisis financiera de las últimas décadas. Dada la importancia simbólica de la decisión tomada, el Comité de Política Monetaria (FOMC) resaltó que el ritmo de las subidas de tipos se decidirá en función de la evolución del mercado laboral, el crecimiento económico y la inflación, sin existir, de este modo, ningún patrón definido de antemano que pudiera poner en entredicho la expansión económica del país.

En Europa, el Banco Central Europeo (BCE) tuvo un papel determinante en el nuevo episodio de la crisis griega vivido en 2015. Durante los meses de negociación, con referéndum en junio en el que se pedía opinión al pueblo griego sobre las condiciones impuestas por la “troika” para desbloquear el paquete de ayuda, entre las autoridades europeas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el gobierno griego liderado por Syriza, el BCE logró sostener la banca helena con el fondo de liquidez de emergencia (ELA) antes de que se llegara a un acuerdo definitivo para el tercer rescate a la maltrecha economía griega, evitando así la quiebra económica del país.

En diciembre, el BCE respondía a las menores expectativas de inflación y crecimiento económico en la zona euro con varias medidas monetarias expansivas. En primer lugar, el BCE decidió mantener el tipo de interés oficial en el 0,05% y reducir el tipo de interés aplicable a la facilidad de depósito, que no es otro que el tipo de interés que debe pagar el BCE por los depósitos recibidos por parte de las entidades financieras, en 10 puntos básicos, hasta el -0,30%. En segundo lugar, dentro de las medidas no convencionales, el BCE decidió ampliar la duración del programa de compra de activos desde septiembre de 2016 hasta marzo de 2017. En tercer lugar, la entidad presidida por Mario Draghi decidió reinvertir el principal de los valores adquiridos en el marco del programa “QE” a medida que se vayan amortizando durante el tiempo que sea necesario. Por último, se incluyeron, en la lista de activos admisibles para adquisiciones periódicas por los bancos centrales nacionales, los instrumentos de renta fija negociables denominados en euros emitidos por administraciones regionales y locales de la zona euro.

Todas esas medidas anunciadas tienen como objetivo inmediato inyectar liquidez, rebajar los costes de financiación e incrementar la inversión crediticia en la economía real para, finalmente, apuntalar el crecimiento y elevar las expectativas de inflación en la zona euro. 

En Japón, tras un buen inicio de año a nivel macroeconómico, el producto interior bruto (PIB) del segundo trimestre se contrajo un 1,6% a causa de una fuerte caída de las exportaciones y de una reducción del consumo interno. Este enfriamiento de la economía nipona, unido a unos niveles de inflación cercanos al 0%, llevó al Banco de Japón (BoJ) a ampliar su programa de compra de activos en su última reunión del año 2015.

En primer lugar, el BoJ decidió aumentar el importe de las compras anuales en bonos soberanos japoneses hasta los 80.000 millones de yenes con el objetivo de reducir los costes de financiación a lo largo de toda la curva de deuda nipona. En segundo lugar, se amplió el abanico de activos elegibles para el programa de compras a los Exchange Trade Funds (ETF) y a los Real Estate Investment Trust (REIT) japoneses. En definitiva, el BoJ acentuaba su política monetaria expansiva a finales de año con el objetivo de respaldar el crecimiento económico e impulsar el índice de precios al consumo (IPC) hacia los niveles objetivo del 2%.

A pesar de la telegrafiada subida de tipos por parte de la Reserva Federal en diciembre de 2015, las políticas monetarias expansivas del BPOC, BoJ y BCE, las menores expectativas de inflación y el descenso de los precios de las materias primas mantuvieron en zona de mínimos históricos las rentabilidades de los activos de renta fija a nivel global. 

En el Viejo Continente, la rentabilidad del bono alemán a 10 años se situó en el 0,63% a cierre de 2015, tras llegar a cotizar por debajo del 0,10% en el mes de abril. Cabe destacar que toda la curva alemana con vencimiento igual o inferior a los 5 años cierra 2015 con rentabilidades negativas.

Por su lado, la rentabilidad del bono español a 10 años cerró el año en el 1,77%. En cuanto a la prima de riesgo española, esta repuntó ligeramente desde los 107 hasta los 114 puntos básicos, mermada por la situación política del país. A pesar de la incertidumbre política durante la última parte del año, la rentabilidad de la deuda española a 1 y 2 años se situó en terreno negativo gracias a unas menores expectativas de inflación en el corto plazo y a la ampliación del programa de compra de activos “QE” por parte del BCE.

Al otro lado del Atlántico, y a pesar de la primera subida en el tipo de interés oficial en más de nueve años, el hecho de que la Reserva Federal remarcara que su política monetaria sería flexible y dependiente de la evolución económica del país y de las expectativas de inflación, y no al revés, permitió mantener la rentabilidad de la deuda soberana estadounidense en niveles parecidos a los de cierre de 2014. De este modo, la rentabilidad del bono a 10 años se sitúa en el 2,27% a finales de 2015, dato ligeramente superior al del cierre del año anterior (2,17%).  

A diferencia del año anterior, los mercados de renta variable y de materias primas tuvieron en el periodo un comportamiento mixto. Al igual que en 2014, los activos financieros más penalizados fueron las materias primas, mientras que el resultado final de los índices de renta variable dependió de su composición sectorial y de la región. En general, la evolución estuvo diferenciada en dos grandes partes: la primera parte del año en la que los inversores mostraron apetito por los activos financieros (ex materias primas) y una segunda parte cuya volatilidad aumentó significativamente.

En EE.UU., los principales índices bursátiles finalizaron sin cambios significativos, el S&P 500 cerró con un ligero descenso del 0,73%, mientras que el Dow Jones hizo lo propio dejándose un 2,23%. No obstante, si se analiza el detalle por composición del índice, se puede observar que las fuertes caídas de los sectores energía y materiales fueron compensadas por la evolución de las grandes compañías del sector tecnológico, como por ejemplo Facebook, Amazon, Netflix o Google, con subidas en algunas de ellas de más del 100%. Por el lado operativo, los beneficios empresariales continuaron frenados por la apreciación del dólar frente al resto de divisas. Sin embargo, los elevados niveles de caja y la falta de visibilidad en materia de proyectos empresariales permitieron que las empresas volvieran a anunciar una cifra récord en cuanto a remuneración al accionista.

En Europa, los vientos de cola volvieron a soplar a favor de los beneficios empresariales a través de la depreciación de la divisa, la caída de los precios energéticos y los reducidos costes de financiación. A todo lo anterior, se sumó el modo expansivo de la política monetaria del BCE, lo que supuso un acicate para las valoraciones. En este entorno, el Eurostoxx 50 se revalorizó en un 4,5%, siendo el índice italiano FTSE MIB el que mejor comportamiento obtuviera con un alza del 12,66%. El DAX y el CAC 40 cerraron con avances del 9,56% y del 8,53%, respectivamente, mientras que el IBEX 35, penalizado por su exposición al sector bancario y a la región latinoamericana, se dejó en 2015 un 7,15%. Como en el caso americano, las caídas experimentadas por los sectores energía y materiales fueron compensadas por las alzas en los sectores de consumo (discrecional y básico), salud y tecnología. 

A pesar de ser un año con menores noticias geopolíticas, los índices bursátiles de los mercados emergentes volvieron a acusar la desaceleración en los beneficios empresariales y las fuertes caídas de los precios de las materias primas, para cerrar el año con una caída del 16,96% medido en dólares americanos. El epicentro volvió a ser China, cuya bolsa tuvo un comportamiento frenético a pesar de cerrar con caídas moderadas del 2,31% para el índice de Shanghai. Después de obtener beneficios en el año anterior de más del 50%, el selectivo llegó a revalorizarse prácticamente un 100% hasta mediados de junio para luego corregir hasta niveles anteriores. Esta fluctuación se trasladó al resto de bolsas emergentes y aumentó la aversión al riesgo de los inversores, especialmente hacia aquellas con mayor vínculo comercial a la economía china y su rol de importadora de materias primas. Las divisas, al igual que sucedió con los índices de renta variable, trasladaron el movimiento de salida de flujos de inversión para depreciarse de forma generalizada.  

Por último, las materias primas continuaron la evolución experimentada durante 2014 con nuevas caídas en los precios de referencia. La apreciación del dólar frente a la cesta de divisas (9,26%, al que le precede una apreciación del 12,79% en 2014), divisa base para el precio de las materias primas, presionó de nuevo los precios a la baja a través de aumentos significativos en la oferta sin que haya habido un respaldo por parte de su demanda. 

 

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