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Sistema financiero español

7.2.1 Proceso de unión bancaria. Marco regulatorio

El establecimiento de la Unión Bancaria Europea implica poner en común importantes parcelas de soberanía económica nacional y constituye el avance más significativo en el terreno de la integración económica de la Unión Europea (UE) desde la adopción del euro como moneda común. 

El proyecto fue concebido con el objetivo principal de crear un marco regulatorio integrado que asegure la viabilidad del sector y la estabilidad financiera; garantice la seguridad y la solidez del sistema bancario; y homogeneice requisitos y tratamientos de las entidades con independencia de su localización, separando el vínculo entre riesgo soberano y bancario.

La Unión Bancaria se sustenta en tres pilares principales: el Mecanismo Único de Supervisión (MUS), el Mecanismo Único de Resolución (MUR) y un sistema de fondos de garantía de depósitos. 

2015 ha sido el primer ejercicio completo durante el cual ha estado vigente el MUS. Este mecanismo promueve un código normativo único como base para la supervisión prudencial de las entidades de crédito, con el fin de potenciar la solidez del sistema bancario de la zona euro. La supervisión corre a cargo del Banco Central Europeo (BCE). Esta supervisión prudencial, basada en la evaluación de los distintos riesgos del negocio bancario, garantiza que la política de la UE se aplica de manera coherente y eficaz, usando una metodología que cuantifica las necesidades de capital y liquidez de cada entidad en función de los resultados de evaluaciones periódicas.

 

 

 

 

En cumplimiento de su misión, el MUS vela permanentemente por mantener los estándares de exigencia más elevados y por garantizar la homogeneidad de la supervisión. Los parámetros de referencia que aplica el MUS son las normas internacionales y las mejores prácticas. Los Principios Básicos para una supervisión bancaria eficaz del Comité de Basilea, así como las normas de la Asociación Bancaria Europea (EBA, en sus siglas en inglés), representan un fundamento sólido para la regulación, supervisión, gobernanza y gestión de riesgos del sector bancario.

El MUS es responsable de la supervisión de aproximadamente 4.700 entidades en los Estados miembros participantes. Para garantizar una supervisión eficiente, las respectivas funciones y responsabilidades del BCE y de los bancos centrales nacionales se asignan con arreglo al carácter significativo de las entidades supervisadas. 

Por otro lado, se sigue perfilando el segundo gran pilar de la Unión Bancaria Europea, el Mecanismo Único de Resolución (MUR), donde se establece el marco para la reestructuración y la resolución de entidades de crédito, al igual que los pasivos susceptibles de reconocimiento de pérdidas. El MUR entró en funcionamiento el pasado 1 de enero de 2016.

El MUR garantizará que, cuando un banco supervisado por el MUS entre en dificultades, la política de resolución sea eficiente, independiente de la localización geográfica de la entidad y minimice el coste fiscal. Se trata de un sistema integrado de autoridades nacionales de resolución liderado por la Junta Única de Resolución como autoridad europea. Esta nueva agencia se encargará de la aplicación uniforme de las normas comunes de resolución de la UE recogidas en la nueva directiva DRRB (Directiva de reestructuración y resolución bancaria), que define la distribución de las pérdidas entre los accionistas y los distintos acreedores de la entidad financiera. 

Además, se creará un Fondo Único de Resolución, bajo el control de la Junta, que a medio plazo actuará como respaldo financiero cuando las entidades de resolución no puedan cubrir las necesidades financieras, siempre que los accionistas y acreedores hayan asumido las pérdidas, como dispone la DRRB. En particular, la directiva establece que la entidad de crédito sujeta a resolución debe utilizar, al menos, el 8% de su pasivo total para absorber la escasez de capital antes de recurrir a la financiación del mecanismo.

El funcionamiento del Fondo se rige por un acuerdo intergubernamental que los países integrantes de la Unión Bancaria alcanzaron en 2014. El fondo se irá provisionando con las contribuciones de la industria bancaria a lo largo de ocho años, teniendo prevista una dotación de 55 miles de millones de euros. Las aportaciones nacionales al Fondo se irán fusionando gradualmente y, pasado el periodo transitorio de ocho años, el esquema de respaldo financiero perderá el carácter nacional. Aunque, en caso de necesidad, el Fondo podrá contar con el respaldo financiero de recursos públicos, estos deberán reponerse con posterioridad con aportaciones de la industria, de manera que se garantice la neutralidad fiscal a medio plazo del esquema.

Como último pilar en el que descansa la Unión Bancaria, se encuentra la intención de introducir una dimensión europea a los fondos de garantía de depósitos nacionales para aquellos bancos bajo supervisión europea, evolucionando a largo plazo hacia un fondo de garantía único europeo. Con tal objetivo, la Comisión Europea publicó el pasado mes de noviembre de 2015 una propuesta para la creación de un sistema europeo de garantía de depósitos que debería desarrollarse en los próximos 10 años y en tres fases diferentes. En la primera fase, la intención de la propuesta de la Comisión Europea sería reforzar los sistemas nacionales de garantía de depósito e incluir la posibilidad de una limitada participación de fondos europeos. Esta fase debería implementarse antes de 2020. En la segunda fase, se pasaría a un sistema de “coaseguramiento” y se incrementaría la participación de fondos europeos en los sistemas nacionales. Se iniciaría con una participación del 20% del fondo europeo de garantía de depósitos y se iría incrementando paulatinamente hasta el 2024, año en el que se debería iniciar la tercera fase con una garantía 100% europea del sistema de garantía de depósitos.

 

7.2.2 Evolución del negocio del sistema financiero

En cuanto a las fuentes de financiación minorista, las únicas rúbricas que crecieron en 2015 fueron los depósitos con las empresas públicas y los depósitos del sector privado residente, que crecen a tasas del 1,60% permaneciendo casi estables y consolidando el trasvase de depósitos a plazo hacia depósitos a la vista (+15,6%).

La financiación mayorista se reduce un 13,7% respecto a 2014 al caer casi todas las fuentes de financiación mayorista. Únicamente se observan crecimientos en los pasivos subordinados por sus implicaciones en las nuevas ratios de absorción de pérdidas.

El balance total, en base individual, del conjunto de entidades de depósito era de 2.645 miles de millones de euros al cierre de 2015. En dicho año, se ha experimentado una contracción del 4,8% a causa, fundamentalmente, de la reducción de las carteras de renta fija (-15,2% interanual) en la medida que las entidades han ido deshaciendo posiciones y materializando plusvalías.

En cuanto al crédito, destaca el descenso del concedido a las administraciones públicas a consecuencia del proceso de consolidación fiscal del sector público y, sobre todo, de la caída del crédito al sector privado residente (-3,8%) en todos los segmentos, salvo en consumo, a causa del proceso de desapalancamiento de familias y empresas, así como un claro componente de sustitución de deuda bancaria por emisiones en mercados, especialmente en empresas de mayor dimensión.

La siguiente tabla recoge la descomposición de la actividad crediticia al sector privado por segmentos (2010-2015).

 

 

 

En relación con los precios del nuevo crédito concedido en 2015, exceptuando en consumo, en el resto de segmentos no se estarían cubriendo todos los factores de producción en que se incurre a la hora de conceder un préstamo. El entorno de tipos cero y la elevada competencia están llevando a las entidades a aplicar tipos muy reducidos, lo que está teniendo un impacto negativo en el margen de intereses, ya que los costes de financiación muestran tener menor margen de bajada.

En lo referente a la calidad del crédito, el saldo del crédito dudoso desciende un 22,4% en 2015, con caídas en todos los segmentos a causa, principalmente, de las menores entradas en mora y de la venta de carteras de deuda en mora. Con ello, la tasa de morosidad se reduce en 240 puntos básicos en el año, cerrando en 10,20%, aunque con elevadas diferencias entre los distintos segmentos según refleja el siguiente gráfico.

Resultados del negocio y posición de capital

El sector registra un beneficio neto de 9.300 millones de euros en 2015, un 17,9% menos que el año anterior, debido, básicamente, a la menor generación de ingresos.

El margen de intereses cae un 1,6% interanual al disminuir más los ingresos financieros (11.300 millones de euros) que los costes financieros
(10.600 millones de euros).

El margen bruto, a su vez, pierde 3.900 millones de euros, mermado, principalmente, por la caída del ROF (Resultado Operaciones Financieras), que disminuye un 26,8%. Mientras, las comisiones netas permanecen estables, destacando el crecimiento de las comisiones percibidas por comercialización de productos.

 

 

Los gastos de explotación permanecen estables pese a los ajustes de capacidad y cambios estructurales, con el cierre de 896 oficinas a lo largo de 2015, terminando el ejercicio con 30.921 oficinas. En sentido contrario, pesa el incremento de costes asociado a la implantación digital en que se hallan inmersas las entidades financieras.

Las pérdidas por deterioro continúan mejorando su aportación a la cuenta de resultados, reduciéndose un 9,8% respecto al 2014 y evidenciando una cierta normalización.

Con todo, el ROE agregado del sector experimenta un descenso hasta el 4,3%.

 

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